La incertidumbre de existir y, de rebote, la obsesión por demostrar nuestra existencia, prevalecen sin duda hoy sobre el deseo típicamente sexual. Si la sexualidad es una puesta en juego de nuestra identidad (hasta en el hecho de hacer niños), ya no estamos exactamente capacitados para dedicarnos a ella, pues bastante trabajo nos cuesta salvaguardar nuestra identidad como para, además, encontrar energía para ocuparnos de otra cosa. Fundamentalmente nos interesa demostrar nuestra existencia, aunque no tenga otro sentido que ése.
Tal cosa puede observarse en los recientes graffitis de Nueva York o de Río. La generación anterior decía: ""Existo, me llamo Fulano, vivo en Nueva York." Contenían una carga de sentido, aunque casi alegórico: el del nombre. Los actuales son sólo gráficos e indescifrables. Siempre dicen, implícitamente: "Existo." Y al mismo tiempo: "No tengo nombre, no tengo sentido, no quiero decir nada." Necesidad de hablar cuando no hay nada que decir. Necesidad tanto mayor cuando no se tiene nada que decir, del mismo modo que existir es mucho más urgente cuando la vida carece de sentido. Con ello, la sexualidad se relega a un segundo plano como una forma de trascendencia incluso lujosa, de despilfarro de la existencia, mientras que la urgencia absoluta consiste simplemente en verificar dicha existencia.
Baudrillard
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1 comentario:
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